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Síndrome del intestino irritable (SII). Por Gregoria Cáceres.

El síndrome de intestino irritable (SII) es un trastorno intestinal crónico y recidivante que se caracteriza por la persistencia de dolor abdominal y alteraciones en el hábito del movimiento intestinal, que pueden ir o no, acompañadas de distensión abdominal sin que exista alteración morfológica o del metabolismo intestinal, al igual que causas e infecciones que lo justifiquen. También se ha denominado colitis nerviosa, colitis espástica colon espástico. Todas estas denominaciones se consideran hoy erróneas e incompletas.

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Clasificación

Se divide en varios subtipos atendiendo a la consistencia de las heces.

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Escala Bristol para evaluar consistencia de las hecesTipos de S.I.I. según escala Bristol

Así pues, tenemos varios tipos de SII:

  • SII con diarrea: Representa el 30% de los casos y es más frecuente en hombres.
  •  SII con estreñimiento: Al igual que el anterior, representa un 30% de los casos pero es más común en mujeres.
  • SII con hábitos intestinales mixtos o patrones cíclicos: Supone alrededor del 50% de los casos diagnosticados.
  •  SII post-infeccioso: Entre un 7 y un 30% de los pacientes que padecen una infección gastrointestinal por Salmonella, Campylobacter o E.coli desarrollan SII que puede persistir incluso años después de resolverse la infección. Este cuadro estrá condicionado por factores dependiente de la persona, tales como estado nervioso (ansiedad, depresión), sexo (mayor probabilidad en mujeres), predisposición genética y edad. Así también dependerá del tipo de cepa de la bacteria y de la gravedad de la infección.
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Epidemiología

La sintomatología recurrente repercute en el bienestar físico, social y emocional de los pacientes. Se trata de una patología que suele presentarse de los 15 a los 65 años de edad, teniendo una mayor incidencia a los 20-40 años. Es más prevalente en mujeres y varía según el estilo de vida de la persona afectada.

Causas

Se trata de una patología que cursa con un cuadro sintomático no específico. Desde un punto de vista general, lo más aceptado y demostrado es que existen alteraciones de la motilidad y/o de la sensibilidad digestiva, influenciadas por factores psicológicos. Además, se han propuesto otras diferentes alteraciones que también podrían influir en esta enfermedad: gastroenteritis, intolerancias alimentarias, alteraciones hormonales y factores genéticos.
Al ser un síndrome funcional, presenta un amplio rango de síntomas cuyos mecanismos fisiopatológicos son pobremente entendidos.

Para entender mejor la fisiopatología de la enfermedad, podríamos decir que viene dada por una serie de factores tales como:
Factores predisponentes: alteraciones genéticas o determinadas situaciones ambientales crearían el ambiente adecuado para la aparición del SII.
Desencadenantes psicosociales: un cuadro infeccioso, un cambio cualitativo de la flora intestinal, situaciones de estrés crónico o abusos sexuales.
Factores concurrentes: alteraciones de la personalidad, la edad temprana o el sexo femenino.
Desregulación del sistema nervioso entérico – sistema nervioso central: responsable de los síntomas de dolor y alteraciones del hábito deposicional.
Factores dietéticos: La dieta desempeña un papel importante en la patogenia de los trastornos funcionales gastrointestinales. Determinados alimentos y productos pueden empeorar la sintomatología, al incrementar la motilidad intestinal. Es el caso del alcohol, la cafeína, alimentos ricos en grasa, alimentos con alto contenido en fibra y alimentos productores de gases.

Sintomatología

Los síntomas digestivos propios son el dolor y la distensión abdominales, y la alteración del ritmo intestinal.
El dolor abdominal suele ser difuso o localizado en hemiabdomen inferior, habitualmente no irradiado, de tipo cólico, opresivo o punzante, en general leve o de moderada intensidad, con una duración inferior a las dos horas, que alivia tras la defecación y que suele respetar el sueño. El inicio o la presencia del dolor abdominal se asocia habitualmente con deseos de defecar o con cambios en la frecuencia o consistencia de las deposiciones y frecuentemente, el paciente relaciona su comienzo con la ingesta de algún alimento.
Las alteraciones del ritmo intestinal pueden manifestarse con predominio del estreñimiento o de la diarrea, o de forma alterna diarrea-estreñimiento. La distensión abdominal y el meteorismo se desarrollan progresivamente a lo largo del día y son referidas como “exceso de gases”. Son frecuentes la saciedad precoz tras la ingesta, las náuseas, los vómitos y el ardor torácico (pirosis).
Otros síntomas son la sensación de evacuación incompleta y la presencia de moco en las deposiciones.

Genética

Los familiares de pacientes con SII presentan una probabilidad 2-3 veces mayor de presentar un trastorno similar.

Tratamiento farmacológico

Sólo cuando la intensidad de los síntomas así lo aconseje, se puede recurrir a la toma de medicamentos dirigidos a controlar el síntoma predominante y durante un periodo limitado de tiempo. Pueden ser inhibidores de los espasmos (espasmolíticos), estimulantes de la motilidad (procinéticos), antidiarreicos, laxantes, antidepresivos y ansiolíticos.

Tratamiento dietoterapéutico

El primer paso es realizar una correcta anamnesis. El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas. Los cambios en la alimentación pueden ayudar; sin embargo, en general no se puede recomendar una dieta específica para el síndrome del intestino irritable, debido a que la afección difiere de una persona a otra. La dieta debe ser lo más equilibrada y variable posible partiendo de la base de que debe realizarse una correcta restricción sin dar lugar a carencias nutricionales.
Por lo que respecta a los requerimientos energéticos para una persona que cursa con SII, tenemos lo siguiente:
 30 Kcal/Kg/día
 60 % Hidratos carbono
 25% Lípidos
 15% Proteínas

Recomendaciones dietéticas

• Seguir una dieta basada en la Mediterránea, que contenga gran variedad de alimentos y que sea equilibrada.

• Consumir al menos 2 yogures desnatados diarios.
• Consumir los alimentos a temperaturas templadas para evitar una mayor irritabilidad
• Evitar técnicas culinarias que aporten muchas grasas.
• Restringir aquellos alimentos cuya composición sea rica en aceite o grasa.
• Evitar los alimentos “irritantes”, tales como café, cacao, alcohol, etc.
• El consumo de tabaco también debería eliminarse.
• Las legumbres deben consumirse preferiblemente trituradas.
• Evitar consumo de verduras flatulentas.
• Incrementar consumo de fibra y agua.

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Dieta de exclusión. Dieta FODMAP

El uso de las dietas de exclusión para el tratamiento del SII ha producido resultados contradictorios, aunque ha tenido mayor éxito en aquellos casos donde la patología cursa con diarrea. Sin embargo, las dietas de eliminación pueden dar lugar a restricciones en la dieta que pueden ser difíciles de llevar por los pacientes pudiendo desencadenar desequilibrios y carencias nutricionales. En los últimos años las dietas que reducen la ingesta de los alimentos mal absorbidos han despertado mucho interés. La dieta FODMAP parece ser eficaz en el tratamiento de al menos un subconjunto de pacientes con SII. Siempre que sea posible, el seguimiento de este tipo de dita debe realizarse bajo la supervisión de un nutricionista titulado, que ayude a determinar cuáles son los alimentos adecuados y a conseguir una dieta equilibrada y saludable.

¿Qué es la dieta FODMAP?

El acrónimo FODMAP resume las siguientes palabras: Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides and Polyols. Se trata de una dieta controlada en oligosacáridos, disacáridos y monosacáridos fermentables y en polioles; es decir, es una dieta en la que se controlan los hidratos de carbono que pueden no ser absorbidos al 100% en el intestino (cuando esto ocurre, fermentan a nivel intestinal, los que provoca gases y los síntomas antes descritos). Así pues, la dieta FODMAP limita el consumo de fructosa, fructooligosacáricos y galactooligosacáridos, lactosa y polioles, como el sorbitol, manitol, maltitol y xilitol.

En resumen, se trata de evitar:
 Cereales como el trigo y derivados, el centeno y la cebada.
 Frutas como la manzana, pera, sandía, melocotón, cerezas, moras, nectarinas o mango.
 Verduras como la cebolla, ajo, alcachofas, espárragos, remolacha, coles de Bruselas, brócoli, puerro, coliflor o champiñones.
 Legumbres en general: guisantes, lentejas, habas, judías blancas y garbanzos.
 Lácteos: evite la leche y valore la tolerancia individual de yogures y quesos. Escójalos sin lactosa siempre que pueda. Tome leche de avena enriquecida en calcio como sustitutivo de la leche.
 Miel.
 Edulcorantes artificiales que contengan sorbitol (E420), manitol (E421), maltitol (E965) y xilitol (E967).

Un menú que se ajuste a la dieta FODMAP
 Desayuno: Té o café con leche sin lactosa. Pan sin gluten con jamón cocido y mandarinas.
 Media mañana: Yogur sin lactosa.
 Comida: Ensalada de lechuga, tomate y pepino. Carne a la brasa con patata al horno. Melón.
 Merienda: Tostadas sin gluten con mermelada.
 Cena: Calabacín salteado con gambitas. Pescado blanco a la plancha con arroz blanco hervido. Plátano.

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Autora: Dietista-Nutricionista Gregoria Cáceres (Rissel).

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