TDC NUTRICIÓN

Health Education by TONI DURÁN

María tiene 4 peras y juan 5 manzanas, pero ¿se las comen?

Por Paula Rodríguez Guillot

Hasta hace poco, no se hablaba tanto de salud, de comer sano, de hacer deporte, de tomar muchas verduras y frutas, de innovar en la cocina con combinaciones de alimentos saludables, de hacer diferentes tipos de dietas, que si cetogénica, que si ayuno intermitente, que si dieta alta en proteína… Pero esta situación está dividida entre lo que se pone de moda y la intención real de ser más activo y saludable, es decir, de mejorar la calidad de vida para, principalmente, prevenir enfermedades.


Todo eso está muy bien, pero mientras los nuevos hábitos se difunden por redes sociales influyendo a personas con costumbres ya marcadas ¿existe una educación alimentaria implantada en colegios? ¿los niños aprenden a comer bien? Todos pasamos por una etapa de pequeños en la que todo el conocimiento que nos enseñan, de manera directa o indirecta, lo absorbemos y nos lo aplicamos sin esfuerzo. ¿Alguien les enseña a dirigir su propia alimentación y a despertarles interés real por ser activos en esta extraordinaria etapa?


Si nos enseñaran en el colegio la repercusión que tiene, tanto para bien como para mal, llevar un estilo de vida concreto y nos enseñaran a introducirnos y ser prácticos en el mundo de la alimentación, quizás, muchas menos personas tendrían problemas de obesidad u otras enfermedades en su edad adulta, es más, seguramente habría menos población infantil con ese problema.

En mi caso, cuando iba al colegio de pequeña lo que me enseñaban de alimentación era tan escaso que vagamente lo recuerdo. Era un apartado, de un tema, de una asignatura llamada Conocimiento del Medio, donde se enseñaba la alimentación saludable desde el trasfondo de la prevención de enfermedades y salud, todo muy general. No le daban, ni mucho menos, la importancia que hoy en día considero que tiene.


Actualmente, no tengo claro que se hayan hecho muchos más avances, lo que se seguro es que no se da con la profundidad que merece (1). Y aquí es donde entra otro ejemplo de alguien cercano a mí, más joven y sin ninguna formación en alimentación, ya que no se lo han enseñado en el colegio, mi hermana. Le han podido enseñar la pirámide alimenticia (puede que no la más actualizada de la SENC) la cual no muchos nutricionistas apoyan al 100% (yo incluida), pero poco más.
Ella es muy delgada pero sus hábitos no son lo más adecuados, y lo sabe, aun así, como no es realmente consciente de las repercusiones que puede tener en su edad adulta, prefiere seguir como hasta ahora, aunque no le afecte a su peso, de momento.

Ya no solo los niños que sufren de obesidad tienen un problema de salud, sino todos los niños que sigan una alimentación insana, llena de procesados, tanto dulces y bollería como platos preparados, que sus padres han tenido que comprar porque la sociedad no les deja tiempo ni para cocinar, aunque ese es otro tema muy extenso en el que no me voy a meter ahora.


Con el ejemplo anterior me estoy refiriendo a que muchos niños que aparentemente están sanos, porque su peso así lo indica, o incluso con bajo peso, es probable que tengan malos hábitos y nadie este haciendo nada para paliarlo, ya que pasan desapercibidos.
La ciencia de la nutrición avanza, pero paralelamente avanzan las innovaciones de la industria alimentaria, sacando productos y más productos (¡ojo!, que no solo han surgido alimentos procesados de mala calidad nutricional). Por eso, ahora más que nunca es necesario que los colegios sean los que pongan el primer grano de arena, que tomen el mando y que desde el primer año de formación de las personas se enseñe a cuidar de su propia salud, tomando decisiones correctas y teniendo un autocontrol sobre su estilo de vida en alimentación y actividad física.


Con ello evitamos principalmente el sufrimiento que las personas llegan a tener una vez enfermas y, además, el gasto a nivel económico dentro de la salud pública. Es decir, pasamos de hacer una prevención secundaria o terciaria a hacer una prevención primaria, trabajando desde el inicio y no arreglando los problemas una vez causados, que en mi opinión sería lo más inteligente.

Otro tema del que no he hablado, son los mitos, los mitos alimentarios. Es fácil que a una clase de un colegio lleguen los mismos mitos alimentarios que se escuchan en la población general, ya que los docentes, normalmente, no están suficientemente informados sobre nutrición (2). Como digo, es una ciencia relativamente nueva, y todavía no existe la asignatura de “Alimentación y Salud” implementada por un dietista-nutricionista, que sería lo ideal para hacer el tipo de prevención del que hablábamos, ya puestos a soñar.


Hay muchas maneras de poder aplicar una enseñanza más práctica y actualizada sobre alimentación saludable y, no solo con la teoría que se pueda leer de un libro durante un único día en todo el curso, acerca del tema. En primer lugar, eliminando herramientas como la pirámide alimenticia que existe actualmente, donde la base no deben ser hidratos de carbono sino verduras y frutas, y donde el consumo moderado de alcohol y bollería directamente no debería tener lugar en la guía (2).

Uno de los métodos que más me gusta es el uso del plato de Harvard. Consiste en dividir el plato en 3 secciones: la mitad del plato esta reservada para verduras y hortalizas, un cuarto para alimentos ricos en proteínas y el último cuarto para cereales. Además, se muestra el agua como la mejor bebida de acompañamiento y, como una buena opción de postre (ya fuera del plato): una ración de fruta o un lácteo.


Usar en un colegio este tipo de herramienta para explicar a los niños como debe ser un plato saludable y que cantidad y que tipo de alimento debe contener, sería un enorme paso para empezar este camino, desmintiendo mitos, llevándolo a la práctica en sus casas, incitándoles a aprender del mundo de la cocina y, sobre todo, intentando que junto a los padres consigamos cambiar hábitos.


¿Y tú que pondrías en la base de la pirámide? ¿A ti que te han enseñado?

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

  1. Educación alimentaria y nutricional | Alimentación y nutrición escolar | Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [Internet]. [citado 8 de marzo de 2021]. Disponible en: http://www.fao.org/school-food/areas-work/based-food-nutrition-education/es/
  2. Educación alimentaria en los colegios: qué puede hacer el profesorado [Internet]. Hay plato encerrado. 2017 [citado 8 de marzo de 2021]. Disponible en: https://hayplatoencerrado.com/2017/08/13/educacion-alimentaria-en-los-colegios-que-puede-hacer-el-profesorado/

AUTORA: Paula Rodríguez Guillot. Dietista-Nutricionista. Alumna del Máster de Nutrición personalizada y comunitaria de la Universidad de Valencia.

Colaboración y Artículo creado como trabajo práctico del máster de Nutrición personalizada y comunitaria impartido en la clínica Universitaria de Nutrición, fisioterapia y Actividad Física (CUNAFF) de la Universidad de Valencia.

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tdcnutricion@gmail.com

Lo que comen las emociones
Por María Jiménez

¿Por qué comemos?
Muchos de vosotros me diréis que es una función vital, que es necesario para vivir, que gracias a ello obtenemos la energía necesaria para que nuestro organismo lleve a cabo sus funciones…
Pero… siempre que comemos, ¿realmente lo necesitamos?

En muchas ocasiones, el hambre que sentimos no es real, no es una necesidad fisiológica, si no que nuestra mente lo enmascara para hacer frente a diferentes emociones que en nuestro día a día se van generando. Seguramente, lo hayas experimentado a lo largo de tu vida en alguna ocasión, ¡sobre todo después de haber vivido una cuarentena! A esto se le denomina hambre emocional.
Existen diferencias importantes entre el hambre real y el hambre emocional, cada una destinada a diferentes fines, utilizadas en diferentes ocasiones y satisfaciendo necesidades dispares.


Una vez identificada qué tipo de hambre estamos experimentando, es importante saber por qué se produce. En la mayoría de los casos, el hambre emocional, intenta disfrazar los problemas que se generan y la solución que las personas (y sí, hablo en plural porque todos en algún momento de nuestra vida hemos pasado por esto) encontramos para sobrellevarlo, es la comida.
La comida nos genera de manera inmediata placer, por ello, es la forma más fácil que encontramos para regular nuestro estado de ánimo y para hacer frente a diferentes emociones. A esto lo denominamos antojo, lo que se define como los deseos subjetivos fuertes o intensos por consumir ciertos alimentos. Es importante saber que los antojos se pueden producir por dos tipos de estímulos, intrínsecos (o internos) como por ejemplo las emociones de las que tanto estamos hablando o extrínsecos (o externos) como la exposición repetida a alimentos a la que estamos sometidos día a día.

Pero esto, en ocasiones, puede conducir a una inadecuada regulación de las emociones, provocando una ingesta excesiva como remedio para intentar eliminar de nuestra cabeza esas emociones desagradables. Esto puede desencadenar en algunas personas un círculo vicioso, es decir, un estado emocional negativo que estimula la ingesta de alimentos, conllevando una sensación de bienestar temporal que en poco tiempo va a provocar malestar, culpabilidad, etc., volviendo al punto de partida.
Un punto muy importante es cuántos antojos nos dan y la intensidad de los mismos, ya que esto va a provocar que nos encontremos en mayor o menor medida dentro del círculo, es decir, cuanto más frecuentes e intensos sean, más nos vamos a introducir en el círculo vicioso y más nos va a costar salir. Asimismo, si estos se vuelven habituales, pueden afectar a la calidad de la alimentación y, como
consecuencia, puede conllevar efectos perjudiciales para la salud a largo plazo. Por lo que una manera de salir de este círculo es aprender a identificar los antojos y saber cómo lidiar con ellos.
Además, en personas con sobrepeso u obesidad, o, simplemente, personas que quieran perder peso, el hambre emocional, puede ocasionar un aumento de peso, consiguiendo una mayor insatisfacción con su físico y una disminución de su autoestima.

¿Y por qué nos da por consumir alimentos como un donuts y no alimentos como frutas?


No todos los alimentos presentan el mismo valor hedónico o lo que solemos llamar palatabilidad. ¿Qué quiere decir esto? Pues que dependiendo del tipo de alimento que consumamos, nuestro organismo va a desencadenar un placer diferente.
Esto va a depender en gran medida de las propiedades organolépticas del producto, es decir, de su sabor, olor, color y textura, lo que va a condicionar de manera significativa la elección de un producto respecto a otro.
Todo esto se consigue mediante el procesamiento de los alimentos. La adicción de sustancias como azúcares simples y grasas refinadas en grandes cantidades va a provocar que los alimentos sean más sabrosos, más apetitosos, más gratificantes, y, que, además, se conviertan en una prioridad en estos momentos de debilidad.


Además, hoy en día, en la sociedad en la que vivimos, nos vemos expuestos constantemente a alimentos no saludables a través de anuncios de comida rápida, en la televisión, redes sociales, vallas publicitarias… Esta provocación constante a la que nos enfrentamos a lo largo del día hace que sea aún más difícil resistirnos a su consumo, y, por tanto, en ciertos momentos podemos caer en su juego.

Y os preguntaréis, ¿Qué podemos hacer para luchar contra el hambre emocional?

Una vez hayamos sido capaces de distinguir el hambre real del hambre emocional, se pueden llevar a cabo una serie de acciones que nos permitan controlar estos episodios de antojos que pueden producirse en ciertos momentos.
Puede resultar de gran ayuda evitar una alimentación con gran cantidad de ultraprocesados (sí, esos productos de los que hemos hablado antes a los que le añaden ciertas sustancias para que nos gusten más sus propiedades y acabemos eligiéndolos), priorizando los alimentos naturales o evitar comer directamente del envase para saber realmente qué cantidades estamos consumiendo. Además, cocinar los platos que vamos a comer puede ser de gran ayuda porque nos permite tener el control sobre lo que comemos y también establecer horarios regulares de comida.

Es importante utilizar otras fuentes de placer alternativas a la comida, independientemente de que se trate del consumo de alimentos sanos o no, como leer, escribir, escuchar música, hacer ejercicio, jugar, etc., ¡hay demasiadas formas de disfrutar alejadas de la comida! Tenemos que ser conscientes de que no necesitamos comer, lo que necesitamos es atender nuestras emociones y pensamientos.
Pero si, aunque hayamos sido capaces de identificar el hambre emocional y sus causas, no podemos controlarla, siempre podemos contar con la ayuda de un equipo profesional para abordar conjuntamente la parte médica, nutricional y psicológica del problema. La figura de un psicólogo nos ayudará a identificar el porqué de los problemas y cómo resolverlos y, por otro lado, la figura de un dietista-nutricionista, que nos puede proporcionar las herramientas necesarias para poder desviar estos antojos hacia un comportamiento más sano e instaurar hábitos nutricionales saludables.

¿Y la próxima vez que sientas hambre emocional, tú qué harás? ¿Correr, escuchar música, ver un capítulo de tu serie favorita, llamar a un amigo o ponerte a saltar?

BIBLIOGRAFÍA

  1. Hernández M, Eguilaz R De, Martínez B, Aldabe DM, Almiron-roig E, Pérez-diez S, et al. Endocrinología , Diabetes y Nutrición Multisensory influence on eating
    behavior : Hedonic consumption ଝ. Endocrinol Diabetes y Nutr [Internet]. 2018;(xx). Available from: http://dx.doi.org/10.1016/j.endien.2018.03.003
  2. Myers CA, Martin CK, Apolzan JW. Food cravings and body weight : aconditioning response. 2018;25(5):298–302.
  3. Sun W, Kober H. Regulating Food Craving: From Mechanisms to Interventions. Physiol Behav [Internet]. 2020;112878. Available from: https://doi.org/10.1016/j.physbeh.2020.112878

AUTORA: María Jiménez. Dietista-Nutricionista. Alumna del Máster de Nutrición personalizada y comunitaria de la Universidad de Valencia.

Colaboración y Artículo creado como trabajo práctico del máster de Nutrición personalizada y comunitaria impartido en la clínica Universitaria de Nutrición, fisioterapia y Actividad Física (CUNAFF) de la Universidad de Valencia.

Artículo relacionado con https://tdcnutricion.net/2016/01/14/el-hambre-emocional-las-ganas-de-comer-cuando-tenemos-emociones-por-dietista-nutricionista-y-psicologo-ruben-mora-y-toni-duran/

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LA DIETA QUE SÍ FUNCIONA

Por Ana Rebenciuc

Seguramente hayas leído este tipo de títulos en una infinidad de revistas y sigas con la duda de si verdaderamente existe una “dieta” que te ayude a bajar X kilos en el menor tiempo posible y sin esfuerzo.

También es posible que tu peso corporal te haya incomodado cada vez que pasabas por delante del quiosco y veías las portadas de las revistas con modelos que seguían algún tipo de “dieta” que las hacían verse así de fabulosas. Dietas que por lo general te prometen belleza, delgadez, salud, juventud, y una infinidad más de adjetivos que avergonzarían a la mejor de las abuelas.

Estas dietas que te prometen resultados rápidos y sin esfuerzos son las llamadas “dietas milagro”. Déjame decirte que no existe ninguna de estas dietas de moda que hayan ofrecido los resultados prometidos. O a pesar de haberte ayudado a bajar de peso, los efectos perjudiciales que producen este tipo de dietas pesan más que los kilos extra de nuestro cuerpo, por no hablar del dichoso efecto rebote o efecto yo-yo. Tienes que tener en cuenta que este tipo de dietas persiguen intereses económicos, se aprovechan de nuestra desesperación en busca de la fórmula mágica para bajar de peso, por lo que no les importa tu salud, sino tu dinero.


LAS DIETAS MILAGRO PROVOCAN MÁS PERJUICIOS QUE BENEFICIOS (1).


Te preguntarás como hay que diferenciar entonces una dieta milagro de la que no lo es. En primer lugar, si es una dieta que ha seguido una famosa, modelo, etc., si aparece en internet o en cualquier revista, ten por seguro que lo más probable es que se trate de una dieta milagro. Si ves por allí una dieta que tenga nombre (“la dieta de la alcachofa”, “la dieta Dukan”, etc.) huye, que huyendo te dará más beneficios para la salud que hacer esa dieta. Todas las dietas milagro tienen características comunes:

  • Las personas que las recomiendan no tienen nada que ver con el campo de la nutrición
  • La descripción de cómo seguir la dieta es bastante imprecisa.
  • Prometen una pérdida rápida de peso (en un abrir y cerrar los ojos estarás desfilando en la próxima pasarela de modelos).
  • Eficacia no comprobada científicamente.
  • Las afirmaciones que hace pueden ser refutadas con fundamentos dietéticos.
  • Aparecen en épocas del año donde hay más presión por conseguir el físico ideal, como primavera y verano.
  • Ofrecen resultados a corto plazo.
  • Suelen ser monótonas, ya que se centran en un grupo de alimentos o te prohíben otros.
  • No son dietas saludables ya que pueden provocar déficits nutricionales.
  • No aprendes a comer porque normalmente cuando acabas la dieta vuelves a tus antiguos hábitos.

“Según la Sociedad Española para el estudio de la Obesidad (SEEDO) este tipo de dietas son peligrosas para la salud y carecen de rigor científico (2)”


EL 31% DE LOS ESPAÑOLES QUE TIENEN SOBREPESO HAN SEGUIDO ALGUNA VEZ EN SU
VIDA UNA DIETA MILAGRO (2).


No creo que sea ningún secreto esto que te voy a contar, pero para la pérdida eficaz de peso hace falta paciencia. Estas dietas milagrosas que te prometen bajar rápido de peso en realidad de están engañando, ya que no pierdes grasa, sino agua y músculo. Y no soy yo la que dice que estas dietas no funcionan, lo dice la ciencia. Palabra de “nutri”. Por lo tanto pierdes kilos, pero ¿a qué costa? La respuesta es sencilla, el precio que hay que pagar por ello es la salud, tanto física como mental.
Por eso, tenemos que entender que la pérdida de peso es un proceso que requiere de mucho autocuidado y tiempo, no tiene fecha de caducidad, sino que se trata de un período de tiempo en el que es fundamental aprender a cuidar la alimentación, además de adquirir hábitos de vida saludables que te sean de ayuda de por vida, siendo allí fundamental la figura del Dietista-Nutricionista (además de otros profesionales).
Muchas veces se recurre a las dietas milagro por el miedo de ir al nutricionista a que nos riñan, y nada más lejos de la realidad, el nutricionista está para apoyarte y acompañarte en este proceso, por lo tanto no hay que ver a la figura del dietista-nutricionista como una autoridad sino como una ayuda para conseguir nuestros propósitos.


Por tanto, la próxima vez que decidas “ponerte a dieta” recuerda que “ponerse a dieta” no significa sufrir.
Una pauta alimentaria bien hecha, digo pauta alimentaria y no dieta, no tiene fecha de caducidad y te hará disfrutar de comida de calidad sin dejar de lado tu vida social, ayudándote a conseguir tus objetivos sin dejarte la salud y la cartera por el camino.

La diferencia entre seguir una dieta milagro o una dieta adaptada a tus necesidades pautada por un profesional es muy clara: las dietas milagro no son efectivas para la pérdida de peso y pueden ocasionarte problemas de salud. Lo más eficaz es la educación alimentaria que puedes aprender de la mano de un Dietista-Nutricionista.
Entonces recuerda, las dietas milagro no te hacen conseguir tus objetivos de manera más rápida, simplemente te harán perder tiempo, dinero y salud. Además de hacer afirmaciones falsas, esta clase de dietas milagro te alejan de lo que es verdaderamente la alimentación saludable, ya que, o se enfocan en un alimento o prohíben otros, sin enseñarte a comer de manera saludable.


No te desvíes de tu camino hacia una vida saludable. Y si te desvías, que sea para entrar a la clínica de algún Dietista-Nutricionista titulado.


¿Has realizado alguna vez una de las famosas dietas milagro?¿Te ha funcionado?

Referencias:

  1. Zamora Navarro, S., & Pérez-Llamas, F. (2013). Errors and myths in feeding and nutrition: impact on the problems of obesity. Nutricion hospitalaria, 28 Suppl 5, 81–88. https://doi.org/10.3305/nh.2013.28.sup5.6922.
  2. Agencia Española de Seguridad Española y Nutrición (AESAN). Ministerio de Sanidad y Consumo.
    Dietas milagro para adelgazar sin fundamento científico y con riesgo para la salud (Miracle diets to lose weight without scientific evidence and with health risks). At: http://www.aesan.msc.es/AESAN/web/destacados/dietas_milagro.shtml (Accessed on May of 2013).


AUTORA: Ana Rebenciuc. Dietista-Nutricionista. Alumna del Máster de Nutrición personalizada y comunitaria de la Universidad de Valencia.


Colaboración y Artículo creado como trabajo práctico del máster de Nutrición personalizada y comunitaria impartido en la clínica Universitaria de Nutrición, fisioterapia y Actividad Física (CUNAFF) de la Universidad de Valencia.

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